Una carta para Manuel Armandito
Apenas tenía 18 años cuando me entere que ya crecías dentro de mí, fue difícil concebirte por mi edad o por mi inmadurez fisiológica o porque Dios así lo quiso y te mando en el momento preciso para mí y para tu padre, para alegrarnos nuestras vidas; desee tenerte tanto como ninguna mujer quiso en el mundo un hijo, fueron largos 9 meses de espera entre vómitos, insalivaciones, fiebres, infecciones, análisis, ecografías… en fin tuve un embarazo un poco complicado pero hay estabas tú, fuerte, soportando esas fiebres que me hacían delirar, tan chiquito y ya conocías de los caprichos de mi cuerpo que no quería dejar de ser niña para ser mujer.
No sé si forcé tu llegada, no sé si me fui en contra de mi por no esperar un poco mas, solo sé que te quería e imaginaba como seria tenerte en mis brazos, sabía que serias varoncito y cada cosa que fui preparando para ti fue un proceso hermoso: tus primeras mediecitas celestes, tu sonaja, tus ropones, tus pañales que cocí y borde para ti, tu overol de gato que compré y que te quedo recién a los 4 meses, las bellas noches con tu padre creando un espacio mágico para tu llegada donde el sol siempre esté sonriente para ti con el cielo azul puro como tu inocencia y los árboles fuertes y frondosos rodeado de pajaritos que siempre te canten en tus sueños y a la vez te despierten dulcemente por las mañanas…
Llegaste un 18 del mejor mes del año: mayo, te confieso que como toda primeriza y sumado a mi corta edad para mí fue muy fuerte traerte al mundo y todo se vio recompensado al conocerte te veías rosadito y viejito lleno de pelitos, tu padre fue quien te recibió y corto el cordón umbilical que nos unía, te movías tanto y llorabas con tal vitalidad, no dormí toda la noche, solo quería estar pendiente de ti y de que nada te perturbe ¡eras mi lindo bebe!.
Manuel Armando te llamamos, sé que no te gusta el segundo nombre, pero su significado nos gusto y creímos que tu lo representas (hombre fuerte y valeroso) y estoy segura de que no nos equivocamos, porque a pesar de todo siempre has demostrado fortaleza, lucha y valentía aun en los momentos más difíciles cuando a tus escasos dos años casi te perdimos por una enfermedad que se empeñaba en llevarse a mi hijito, a mi muñequito, pero tú le hiciste la lucha, y ganaste donde poca esperanza había, venciste con tu corta edad y creciste lindo , sano e inteligente dando tus primeros pasos, tus primeras palabras (la tuya fue “papá”), tu primer día en el jardín, ¡como mi corazón se estrujaba al oírte decir ¡mamita no me dejes!!... no lo hice, era parte de tu crecimiento educacional… Te he visto crecer, aprender, emocionarte, jugar, renegar por quien ponía “esos resbalos tonteras” cuando te caías, reír, llorar, yo fui quien te enseñó a utilizar la computadora , te abrí tu primera cuenta de correo con tu inocente clave “dexter” y ahora tu me enseñas esos programas que yo ya ni los entiendo (y que me harás falta cuando no estés), te enseñe la pronunciación de muchas palabras en ingles y ahora tu me hablas tan rápido y hasta me corriges, (bien por ti hijo)… Hemos tratado de que tu vida a nuestro lado sea lo más feliz y sana posible aún con fallas que como persona tuve, he tratado de estar a tu lado en cada momento importante de tu vida me has dado muchas alegrías y emociones (también colerones ja ja ja), me encanto verte bailar saya, sé que le pusiste empeño y para mí fue más que un regalo por el día de la madre… ¡Gracias hijito!
¡Como han pasado los años y ahora soy yo quien irá a instalarte a otro país para que estudies Medicina! No creo que vuelvas a decirme ¡mamita no me dejes! porque te preparamos desde chiquito para este momento pero creo que a mi si se me volverá a estrujar mi corazón cuando te deje… desde ya voy pidiendo a Dios porque siempre te vaya bien, porque te proteja y te haga mejor persona cada día, confió en ti hijito, se que sabrás aprovechar en bien tus estudios, y que cada día será una nueva experiencia para ti y de aquí para adelante “arriba, más arriba, hasta las estrellas” hasta alcanzar tus sueños y tus metas… Gracias por ser mi hijo, por cada alegría, por cada enseñanza que también recibí de ti, por la oportunidad de ser tu madre, por comprender mis errores, por tus travesuras, por tu amor, por cocinar cuando esperaba a tu hermanito…
Sé que no te irás para siempre y que estaremos en contacto continuamente, pero también sé que ya no estaré para ver tus cosas, tus antojos y tal vez no esté en el momento que quieras contarme como te fue con tus primeras clases prácticas o para compartir tus emociones y tal vez tus penas, pero así es, así es la vida y tienes que aprender a extender tus alitas y volar solo y hacerlo bien, Por mi parte siempre pediré… ¡Que Dios te bendiga!

